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#hechoen CONDICIONES INHUMANAS: No hay sostenibilidad sin derechos humanos.



Mientras el término “sostenibilidad” se acerca poco a poco al foco global, los límites de su definición empiezan a desaparecer. Hoy en día se usa la palabra en sí solo para evocar la idea de las cuestiones medioambientales, desconectándola de su concepto social original. La verdad es que para lograr un sistema circular, o por lo menos uno más sostenible, se tiene que considerar el aspecto social de la producción, un aspecto que típicamente se olvida en cuanto se enfoca en las áreas económicas y ecológicas de la industria.


Hoy en día los principios de la sostenibilidad han sido vinculados con la contabilización Triple Línea de Base, la cual se refiere a un método que mide los impactos económicos, medioambientales y de servicio comunitario de una organización, no solo la práctica tradicional de medir sólo el resultado financiero final (Elkington. J., 1998). Elkington trató de concebir un mundo donde el desarrollo sostenible y la responsabilidad social de las empresas pudieran ir mano a mano, resultando en el desarrollo social como un subproducto de la producción comercial. ¿Entonces por qué el sistema de la moda se ha olvidado del aspecto social del sistema de producción? En parte es porque se pierde en el gran flujo de información de la cadena.


Según el Pacto Mundial de Naciones Unidas, la trazabilidad es “la habilidad de identificar y trazar la historia, distribución, ubicación, y aplicación de los productos, componentes y materiales para asegurar la fiabilidad de declaraciones de sostenibilidad en áreas de derechos humanos, labor (incluyendo la salud y seguridad), el medio ambiente y la anticorrupción” (Norton, T., Beier, J., Shields, L., Househam, A., Bombis, E., & Liew, D., 2014). Para lograrlo, se necesita una activa colaboración de actores en la red de producción para que las empresas puedan ser sostenibles y eficientes a la vez (Vigolo, F., 2020).


La cuestión principal en la industria de la moda viene después de haber procurado el menor costo y los mayores beneficios en el mercado, resultando en las marcas eligiendo productores terceros ubicados en países mal regulados y construyendo una cadena inencontrable. Los resultados de este sistema pueden ser sumados en espacios de trabajo que son explotadores, coercitivos, y perjudiciales para los trabajadores (Coakley, M., & Kates, M., 2013) que no solo incluyen salarios bajos y riesgos para la salud y seguridad, sino también el trabajo infantil, una cuestión que no puede ser ignorada (Remy, N., Speelman, E., & Swartz, S., 2016).


Al final, si solo nos importa el lado medioambiental de la sostenibilidad, un concepto nacido del intento humano de salvación, se perderá toda la humanidad. Por eso es tan importante crear un modelo de transparencia, para que se pueda trazar las injusticias en el sistema. En cuanto las empresas puedan tener influencia, y con certeza deberían comunicar y pedir cuentas a sus socios, la verdad es que los proveedores y compradores normalmente tienen una influencia limitada. Se necesita un esquema que proporciona un partido neutro que sea responsable de garantías a través de la cadena entera para ejercer presión en proveedores y productores cuando una empresa individual quizá tenga poca influencia (Norton, T., Beier, J., Shields, L., Househam, A., Bombis, E., & Liew, D., 2014).

Las soluciones a estos problemas requieren más de un actor social. En primer lugar, los consumidores necesitan hacer el esfuerzo y empezar a dar prioridad a las prendas producidas sosteniblemente en lugar de las alternativas de moda rápida para luchar contra el sistema. En segundo lugar, se tiene que instituir políticas para que los gobiernos defiendan los derechos de sus ciudadanos, la mayoría siendo del tercer mundo donde están ubicados las fábricas explotadoras. No resolverá el asunto por completo, pero la regulación de la labor de aquellas fábricas tiene la capacidad de aumentar tremendamente el bienestar humano en general (Coakley, M., & Kates, M., 2013). Y finalmente, pero no menos importante, las empresas necesitan entender la urgencia de un cambio en el paradigma de producción actual, y empezar a medir su desempeño de sostenibilidad a través de toda la cadena de suministro, establecer metas para mejorar, ayudar proveedores reducir su impacto, además de pedir cuentas si no lo hagan. (Remy, N., Speelman, E., & Swartz, S., 2016). La sostenibilidad tiene que defender la creación de un sistema que esté protegida por la humanidad.



Referencias:

Elkington, J. (1998). Accounting for the triple bottom line. Measuring Business Excellence.

Coakley, M., & Kates, M. (2013). The ethical and economic case for sweatshop regulation. Journal of Business Ethics, 117(3), 553-558.


Norton, T., Beier, J., Shields, L., Househam, A., Bombis, E., & Liew, D. (2014). A guide to traceability: A practical approach to advance sustainability in global supply chains. United Nations Global Compact Office: New York, NY, USA.


Remy, N., Speelman, E., & Swartz, S. (2016). Style that’s sustainable: A new fast-fashion formula. McKinsey Global Institute.


Vigolo, F. (2020). Sustainability in the Fashion Industry: the Key Role of Traceability for Responsible Companies (Bachelor's thesis, Università Ca'Foscari Venezia).

Mientras el término “sostenibilidad” se acerca poco a poco al foco global, los límites de su definición empiezan a desaparecer. Hoy en día se usa la palabra en sí solo para evocar la idea de las cuestiones medioambientales, desconectándola de su concepto social original. La verdad es que para lograr un sistema circular, o por lo menos uno más sostenible, se tiene que considerar el aspecto social de la producción, un aspecto que típicamente se olvida en cuanto se enfoca en las áreas económicas y ecológicas de la industria.



Hoy en día los principios de la sostenibilidad han sido vinculados con la contabilización Triple Línea de Base, la cual se refiere a un método que mide los impactos económicos, medioambientales y de servicio comunitario de una organización, no solo la práctica tradicional de medir sólo el resultado financiero final (Elkington. J., 1998). Elkington trató de concebir un mundo donde el desarrollo sostenible y la responsabilidad social de las empresas pudieran ir mano a mano, resultando en el desarrollo social como un subproducto de la producción comercial. ¿Entonces por qué el sistema de la moda se ha olvidado del aspecto social del sistema de producción? En parte es porque se pierde en el gran flujo de información de la cadena.


Según el Pacto Mundial de Naciones Unidas, la trazabilidad es “la habilidad de identificar y trazar la historia, distribución, ubicación, y aplicación de los productos, componentes y materiales para asegurar la fiabilidad de declaraciones de sostenibilidad en áreas de derechos humanos, labor (incluyendo la salud y seguridad), el medio ambiente y la anticorrupción” (Norton, T., Beier, J., Shields, L., Househam, A., Bombis, E., & Liew, D., 2014). Para lograrlo, se necesita una activa colaboración de actores en la red de producción para que las empresas puedan ser sostenibles y eficientes a la vez (Vigolo, F., 2020).


La cuestión principal en la industria de la moda viene después de haber procurado el menor costo y los mayores beneficios en el mercado, resultando en las marcas eligiendo productores terceros ubicados en países mal regulados y construyendo una cadena inencontrable. Los resultados de este sistema pueden ser sumados en espacios de trabajo que son explotadores, coercitivos, y perjudiciales para los trabajadores (Coakley, M., & Kates, M., 2013) que no solo incluyen salarios bajos y riesgos para la salud y seguridad, sino también el trabajo infantil, una cuestión que no puede ser ignorada (Remy, N., Speelman, E., & Swartz, S., 2016).


Al final, si solo nos importa el lado medioambiental de la sostenibilidad, un concepto nacido del intento humano de salvación, se perderá toda la humanidad. Por eso es tan importante crear un modelo de transparencia, para que se pueda trazar las injusticias en el sistema. En cuanto las empresas puedan tener influencia, y con certeza deberían comunicar y pedir cuentas a sus socios, la verdad es que los proveedores y compradores normalmente tienen una influencia limitada. Se necesita un esquema que proporciona un partido neutro que sea responsable de garantías a través de la cadena entera para ejercer presión en proveedores y productores cuando una empresa individual quizá tenga poca influencia (Norton, T., Beier, J., Shields, L., Househam, A., Bombis, E., & Liew, D., 2014).

Las soluciones a estos problemas requieren más de un actor social. En primer lugar, los consumidores necesitan hacer el esfuerzo y empezar a dar prioridad a las prendas producidas sosteniblemente en lugar de las alternativas de moda rápida para luchar contra el sistema. En segundo lugar, se tiene que instituir políticas para que los gobiernos defiendan los derechos de sus ciudadanos, la mayoría siendo del tercer mundo donde están ubicados las fábricas explotadoras. No resolverá el asunto por completo, pero la regulación de la labor de aquellas fábricas tiene la capacidad de aumentar tremendamente el bienestar humano en general (Coakley, M., & Kates, M., 2013). Y finalmente, pero no menos importante, las empresas necesitan entender la urgencia de un cambio en el paradigma de producción actual, y empezar a medir su desempeño de sostenibilidad a través de toda la cadena de suministro, establecer metas para mejorar, ayudar proveedores reducir su impacto, además de pedir cuentas si no lo hagan. (Remy, N., Speelman, E., & Swartz, S., 2016). La sostenibilidad tiene que defender la creación de un sistema que esté protegida por la humanidad.



Referencias:

Elkington, J. (1998). Accounting for the triple bottom line. Measuring Business Excellence.

Coakley, M., & Kates, M. (2013). The ethical and economic case for sweatshop regulation. Journal of Business Ethics, 117(3), 553-558.


Norton, T., Beier, J., Shields, L., Househam, A., Bombis, E., & Liew, D. (2014). A guide to traceability: A practical approach to advance sustainability in global supply chains. United Nations Global Compact Office: New York, NY, USA.


Remy, N., Speelman, E., & Swartz, S. (2016). Style that’s sustainable: A new fast-fashion formula. McKinsey Global Institute.


Vigolo, F. (2020). Sustainability in the Fashion Industry: the Key Role of Traceability for Responsible Companies (Bachelor's thesis, Università Ca'Foscari Venezia).


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